En la cuenca del Jarama, 42 km al noreste de la capital autonómica, este municipio de más de 4.000 habitantes es uno de los accesos a la sierra madrileña. El senderismo y la bicicleta de montaña tienen en su área recreativa de La Ermita un lugar privilegiado para sus respectivas prácticas. Al parecer estuvo aquí el emplazamiento de dos de las atalayas que los andalusíes dispusieron durante los siglos X y XI a lo largo de estas sierras. De una se conoce tan sólo el emplazamiento, muy cerca de la fuente del Junco, pero no hay vestigios. De la otra, ni rastro.
Si hay algo por lo que es conocido El Molar es por sus cuevas, que suman más de dos centenares. De origen medieval y musulmán algunas, en muchas maduran los vinos que se producen en el sur de la localidad y cada vez es más frecuente que sean usadas por sus propietarios como restaurantes que incrementan la extraordinaria oferta culinaria de El Molar.
La iglesia parroquial de la Asunción es de estilo góticoisabelino, fue construida a finales del siglo XV o principios del siguiente y se destaca habitualmente, con razón, su pórtico renacentista. Junto al edificio del Ayuntamiento, el templo, recientemente restaurado, supone un excelente marco de la plaza Mayor local. Ya de finales del XIX es su ermita de San Isidro, enclavada en el cerro de la Corneja, más joven todavía es la de la Virgen del Remolino y del siglo XVI es la ermita más antigua, la de la Soledad. Un rasgo distintivo del sitio es el hecho de que en El Molar se da una especie ovina autóctona, la rubia de El Molar.