Este tranquilo municipio se encuentra a 50 km de la ciudad de Madrid, en dirección noroeste, en pleno corazón de la sierra de Guadarrama. Situado a 1.200 m de altitud, con su embalse y el puerto al que da nombre (a 1.800 m sobre el nivel del mar) atrae a buen número de madrileños los fines de semana, gracias a los bellos parajes de su entorno, su clima y gastronomía.
Lugar de tránsito entre Segovia y Madrid, además de una intensa actividad económica (madera, ganado y turismo, principalmente), tiene una gran oferta deportiva (esquí, montañismo o ciclismo) que se ve favorecida por la excelente comunicación con la cercana Cerdedilla, por medio de un pintoresco tren eléctrico de montaña.
Navacerrada se enmarca dentro del Parque regional de la cuenca alta del Manzanares, declarado reserva de la biosfera. Cuenta con la estación de esquí más cercana a la capital (a tan sólo 60 km), la estación de montaña Puerto de Navacerrada, la segunda más importante de la cordillera del sistema Central.
Y después de la nieve, y con las maravillosas vistas de la sierra aún en la retina, nada mejor que bajar al pueblo y disfrutar de su típico chocolate con churros o bizcochos, sus carnes a la brasa o simplemente del hogareño pan de pueblo.
Y es que Navacerrada, declarada villa en 1636, también nos puede ofrecer otros atractivos. Por ejemplo su iglesia parroquial, la de la Natividad de Nuestra Señora, del siglo XVIII, que está construida en mampostería y encalada en blanco. Como es costumbre en estas nevadas altitudes, destaca el campanario de su torre, rematado a cuatro aguas. Y en su interior podemos admirar también un fresco de Eduardo de Vicente. Paseando por sus empinadas calles, si llegamos a la plaza del Ayuntamiento veremos la fuente de los Ángeles, típica construcción serrana de granito. Y si lo que queremos son vistas del municipio y su entorno, podemos visitar la ermita de San Antonio, en la Dehesa de la Golondrina.