Dentro del área metropolitana de la ciudad de Madrid, a unos 20 km al sur de ésta, es uno de los municipios más poblados de la comunidad, superando los 92.000 habitantes tras el notable crecimiento experimentado en las décadas 70 y 80 del pasado siglo. De ese ascenso demográfico da buena fe la población parleña en 1960: únicamente 1.781 vecinos. Muy próxima al límite con la provincia castellano-manchega de Toledo, su tradición agraria sigue manifestándose en su cultivo y producción frutícola, de forrajes, cereales y verduras, así como en sus explotaciones ganaderas; si bien es además y sobre todo un centro industrial notable de cuantos conforman el cinturón del sur capitalino. Es asimismo un lugar comercialmente en expansión, dotado de una infraestructura de ocio cada vez más interesante.
El principal edificio de su patrimonio histórico es la ermita dedicada a la patrona, erigido en el siglo XVII e igualmente vinculado con el líquido elemento: al pozo de su interior, llamado de Calderillo, acuden los vecinos para aprovechar las capacidades milagrosas de sus aguas. Otra construcción con cierta importancia es la iglesia parroquial de la Asunción, del siglo XVI aunque muy transformada. Un lugar de esparcimiento: el cerro de la Cantueña, especial para hacer volar cometas.
Su ambiente lúdico queda especialmente marcado en junio, cuando tienen lugar sus animadísimas fiestas del Agua. No son estos los únicos festejos locales, ya que en septiembre se llevan a cabo las fiestas patronales de Nuestra Señora de la Soledad, durante las cuales los encierros parecen marcar el símbolo de la diversión del municipio.