madrid histÓrico

El Barrio de las Musas, de los Literatos, de las Letras, de Huertas o de Plaza de Santa Ana -que de todas estas formas es conocido-, es algo más que un conjunto de calles, plazas, palacios, iglesias, teatros y personajes cargado de historia. Es una entidad que desde el siglo XVI ha evolucionado transformándose en el “Centro de Madrid”, donde cohabitaban en el siglo XIX las clases medias mezcladas con las más menesterosas, trasformándose en casas de vecindad los palacios de otros siglos y construyendo edificios representativos del poder financiero emergente de principios del XX.

Como todo tiene un principio, empezaremos con el afianzamiento del barrio en el siglo XVI, aunque las primeras casas datan del siglo XV y pertenecían a la familia de Álvarez Gato, vinculados a los Reyes Católicos.
Muere Felipe II en el Monasterio del Escorial en la madrugada del 13 de septiembre de 1598, después de sincerarse con Moura diciéndole - “Dios que me ha dado tantos reinos no me ha dado un hijo capaz de gobernarlos. Temo que me lo gobiernen”. La frase recorrió todas las chancillerías europeas.
A las cuatro horas de la muerte de su padre, el futuro Felipe III se encerró con Don Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, marqués de Denia (futuro Duque de Lerma). Ordenó que se le dieran las llaves del palacio y el control de los documentos más importantes.
En nombre del Rey, el marqués de Denia, Valido del Rey, escribió a los presidentes de los Consejos y al Nuncio, comunicando el regreso de la Corte a Madrid. De regreso a Madrid, la marquesa de Denia toma para sí los Aposentos de la Reina en San Jerónimo y manda preparar alojamientos en Palacio para el Valido; Isabel Clara Eugenia, hermana del nuevo monarca, se aloja en las Descalzas Reales con María de Austria, viuda del emperador Maximiliano II, hasta la boda con su primo el Archiduque Alberto, llevando como dote la cesión de los Países Bajos.
El cambio había comenzado, Felipe III tiene las manos libres para apoyar incondicionalmente a su Valido.
El monarca visita con frecuencia el monasterio de las Descalzas Reales, y son frecuentes las discrepancias con la Emperatriz María de Austria a causa de su abandono de las tareas de gobierno y las cesiones que realiza a su Valido. El día 14 de Diciembre de 1599, escribe el nuncio Caetani en carta cifrada a Aldobrandini, sobrino del Papa Clemente VIII, que Felipe III :
“.....como es tenaz en sus opiniones y no puede oír hablar mal del Duque (su Valido) y de sus parciales, se marchó inmediatamente de Madrid, sin llevar consigo a la Reina, como acostumbra, y ha dado a entender que trasladará la Corte a Valladolid y no pondrá mas los pies donde esté la Emperatriz”.
El repentino antojo del rey fue hábilmente utilizado por el Duque de Lerma y, excusándose en la conveniencia de trasladar la corte a un lugar más pequeño y manejable, dio alas al proyecto del Rey: deshacer todo lo que había hecho su padre Felipe II.
La Villa de Madrid argumentó que poseía mejor clima que Valladolid, además de la proximidad de bosques para caza y de fincas de recreo para su esparcimiento. A ello sumó la imposibilidad de meter los Concejos en Valladolid y los gastos que ocasionaría el traslado y el encarecimiento artificial que se produciría sobre el costes de la vida. Se trató de recurrir a la piedad del Monarca, y tocarle al corazón con la futura quiebra de innumerables patronatos, hospitales y monasterios. El Concejo prometió limpiar la Corte de vagabundos y ociosos, moderar los precios, aumentar los abastecimientos, adecentar las calles; ofrecieron casa y tierras al duque de Lerma, todo ello sin éxito.
La Villa de Madrid argumentó que poseía mejor clima que Valladolid, además de la proximidad de bosques para caza y de fincas de recreo para su esparcimiento. A ello sumó la imposibilidad de meter los Concejos en Valladolid y los gastos que ocasionaría el traslado y el encarecimiento artificial que se produciría sobre el costes de la vida. Se trató de recurrir a la piedad del Monarca, y tocarle al corazón con la futura quiebra de innumerables patronatos, hospitales y monasterios. El Concejo prometió limpiar la Corte de vagabundos y ociosos, moderar los precios, aumentar los abastecimientos, adecentar las calles; ofrecieron casa y tierras al duque de Lerma, todo ello sin éxito.
El 9 de febrero los monarcas entran en Valladolid; la Reina en silla de mano dado su estado de gestación. Días después, el traslado de los Consejos es un hecho. La Corte permaneció en su nuevo destino hasta 1606.
Madrid entró en un periodo de decadencia: perdió quince mil vecinos, las casas eran alquiladas gratuitamente, se llegó a pagar a los inquilinos para que las tuvieran cuidadas y limpias evitando su ruina, bajaron las rentas de los Grandes, desaparecieron las limosnas... Las grandes plumas de nuestra literatura se desplazaron a la nueva Corte. Hasta Cervantes tuvo casa en Valladolid.
La villa de Madrid no cesó de solicitar el regreso de la Corte. María de Austria dio en el convento una grandiosa fiesta el 22 de abril de 1602, de acuerdo con el Concejo de la Villa y los frailes de Atocha, para agasajar al rey Felipe III y persuadirle de que no trasladara la corte a Valladolid de forma definitiva. El agasajo duró tres días, con gran complacencia del rey.
Lerma y sus acólitos seguían consiguiendo nombramientos y prebendas del Rey y realizando cuantiosas inversiones en Madrid, que era un mercado a la baja. El Valido adquirió terrenos y fincas en el Prado de San Jerónimo, actual Barrio de las Letras, en aquellos tiempos un vergel de huertas. Cuando el duque de Lerma compra Valdemoro al Marques de Auñón y adquiere Getafe y los Carabancheles, nadie duda del regreso inminente de la Corte a Madrid.
El 23 de enero de 1606, el Ayuntamiento de Madrid recibe una carta comunicando el regreso de la Corte. Madrid responde con procesiones, fuegos artificiales y vítores a su alcalde, Silva de Torres, que recibe r una procuraduría en Cortes (no olvidemos que los cargos públicos eran comprados o regalados).
No se sabe con certeza lo que ganó el duque de Lerma, pero se calcula que superaba el millón de ducados. Los Consejos volvieron entre los meses de febrero a abril y para evitar carestías de pan se compró grano a Valladolid y Aragón. Los gastos y obligaciones se repartieron entre el pueblo mediante “el derecho de sisa”, que gravaba el consumo reduciendo el peso y las medidas en el comercio y recibiendo Hacienda la diferencia.
La mayoría de edad de la reina Margarita y el hecho de haber dado ya un heredero varón a Felipe III hizo que comenzara a tener más influencia en las decisiones de su esposo, comenzando así las desavenencias con el duque de Lerma.
La diferencia entre ingresos y gastos de las casas del Rey y de la Reina eran espantosos. Por ello, de 1603 a 1605 se forma la “Junta de desempeño” y comienzan las investigaciones para clarear las cuentas de la Casa Real.
Los resultados no se hicieron esperar. Desde el tesorero de Hacienda a varios miembros del Gobierno y varios comerciantes aparecieron implicados en una compleja trama de corrupción y estafa al Estado. Las penas de cárcel de por vida y privación de cargos públicos se hicieron ejemplares. Se trató de disimular el escándalo y desviar la atención del problema de la corrupción política con la expulsión de los moriscos que, decretada años antes, no se había efectuado. Los grandes procesos contra el propio Valido y contra Rodrigo Calderón no tardaron en producirse.