MADRID HISTÓRICO


El edificio de La Equitativa

Madrid Histótico

En 1920, el Banco Español de Crédito, adquirió el edificio de la sociedad de seguros, de capital norteamericano, La Equitativa.

Se encargó al arquitecto, Joaquín Saldaña, la eliminación del nicho que, sobre la fachada del ángulo entre las calles Alcalá y Sevilla, soportaba la estatua de una matrona que representaba a la compañía. La alegoría extendía su manto a modo de protección sobre una viuda que sujeta a un niño en sus brazos y un huérfano, a modo de reclamo publicitario de la actividad de la compañía.

La estatua, obra del alemán Knipp, fue desalojada de su emplazamiento y donada al Ayuntamiento de Madrid y se situó en la castiza plaza del Mundo Nuevo, muy cerca del Rastro. Al final de la Guerra Civil, fue retirada de este emplazamiento, y, en 2002, una remodelación de la plaza la reintegró a su lugar, donde podemos verla en la actualidad.

Madrid Histótico

Hoy la tecnología del diseño, nos permite conocer como sería el chaflán de la calle Ancha de los Peligros, Hita y de los Bodegones, si no se hubiera removido la estatua de su emplazamiento. Pero lo que no permite es adivinar sus impresiones sobre los acontecimientos que vivió desde su privilegiado emplazamiento: el ataque del Gobernador Civil de Madrid, don Alberto Aguilera que asaltó el edificio en 1898, para arrancar el escudo de Estados Unidos, cuando la potencia había declarado la guerra a España por el tema del hundimiento del Maine.

Las idas y venidas de los socios del Casino de Madrid, que ocupó toda la planta del primer piso; el posterior alquiler de la planta al embajador del Japón y la llegada de los socios del Circulo de Bellas Artes, años después, hasta el traslado a su Sede de la calle Alcalá. Y ahora, en la actualidad, verlo transformado en, posiblemente, el mejor y más caro edificio de apartamentos del Madrid del siglo XXI.

En el chaflán de este edificio, construido por el arquitecto Grases Riera se conservan dos esculturas realizadas en cobre dorado, que esparcen la luz del sol al incidir en tan bruñido material. Una de ellas representa el Tiempo, con un reloj en su mano; y la otra, que sujeta la rueda de la fortuna, el Porvenir. Entre ambas se sitúa un gran reloj y, sobre todo el conjunto, un Templete coronado por una pequeña cúpula también realizada en el bruñido materia de las alegorías.

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