MADRID HISTÓRICO


Luis Candelas, el bandido urbano

Luis Candelas

Este famoso bandido urbano nació en Madrid en 1806, hijo de un carpintero llamado José que vivía sin agobios económicos. José le matricula en el hoy instituto de San Isidro. Allí un profesor de latín le dio una bofetada por un problema de rendimiento escolar, a la que Luisito le respondió con dos. Este acto de violencia escolar le supuso la expulsión del bachillerato de la época, pero a Luisito le quedó el amor por la lectura y la educación.

Luis Candelas es un delincuente urbano, no un bandolero a la vieja usanza, de trabuco y diligencia. Inauguró un nuevo sistema de delinquir evitando la fuerza y aumentando la astucia. Vivió por la actual plaza de Lavapiés, dentro de un clima de chulería y picaresca, donde el duelo con navajas era frecuente para solventar diferencias, sistema que él no dudó en utilizar, aunque jamás mató a nadie. Además, se politizó en el bando liberal, entrando en contacto con personajes importantes de la época.

Luis Candelas

Fernando VII había regresado del exilio francés, encontrando un ambiente crispado por las rencillas políticas intestinas, las de los liberales contra los absolutistas; los constitucionales contra los fernandinos. Militares y aristócratas confraternizaban con la gente del bronce; los héroes civiles de la reciente guerra de la independencia eran ajusticiados, la guarnición francesa protegía los intereses de Fernando VII y el rey alternaba con la chusma en tabernas y colmaos.

No es posible comprender el personaje de Luis Candelas sin hablar de sus mujeres. En su vida hubo un matrimonio con Manuela Sánchez, a quien abandonó en Zamora, en el crudo invierno en 1827, cuando contaba nuestro 21 años de edad. Otra importante mujer en su vida fue Lola la Naranjera, amiga-amante de Perico Chamorro, un aguador que intimó con Fernando VII en las correrías del rey en las noches madrileñas. También él añadiría a sus amistades a Lola la Naranjera.

Mientras tanto Luis Candelas, practicaba una doble vida. Durante el día, se hacía pasar por un indiano, bajo el nombre de Luis Álvarez de Cobos, que, tenía que estar en Madrid por los trámites de una herencia. Y por la noche, se transformaba en Luis Candelas, que, con su cuadrilla, Paco el Sastre, y los hermanos Cusó, se dedicaba a planear asaltos -en la taberna de Traganiños-, que les proporcionaban su modo de vida.

También frecuentaba la amistad de Doña Mari-Alicia, que, a su vez, era amante del famoso conspirador militar Salustiano Orbegozo. Con todas estas andanzas, no es de extrañar que entrara en la cárcel por sus fechorías y fuese puesto en libertad o consiguiera perpetrar la fuga en el mismo día.

Luis Candelas

Pero el amor surgió en la vida de Luis Candela. Fue de la mano de una niña bien llamada Clarita. Luis decidió dejarlo todo por ella y trasladarse con la novia y su familia de clase media a Valencia. Eso sí, de vez en cuando, hacía algún robo de poca monta o viajaba a Madrid para organizar algo más sonado con sus socios.

Al morir el rey, los liberales accedieron al poder y dejaron de tratarse con delincuentes. Desde ese momento, en cambio, los persiguen. Pero también entonces Luis Candelas realiza dos de sus fechorías más notables: el famoso robo en casa de la modista de la Reina y un atraco al embajador de Francia y su señora. Sin apoyos políticos, es perseguido y trata de huir a Inglaterra con Clarita. Llegó hasta Gijón para embarcarse camino de la isla británica, pero Clarita se negó a hacer el viaje. De ahí que ambos regresaran a Madrid, donde Luis Candelas fue apresado, encarcelado, juzgado y condenado.

El que fuera uno de los bandidos más sonados de la capital murió con 31 años. En su declaración dijo que él jamás había realizado delito de sangre alguno que justificara su muerte en el cadalso. Su frialdad en el momento de su muerte sólo consiguió alimentar la leyenda que se forjó en torno a su nombre. Se permitió el lujo de indicar al presidente del tribunal que lo juzgaba, que encontraba la sentencia tardía, aunque puesta en razona. Al verdugo, por su parte, le hizo notar que le faltaba un botón del chaleco.

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