MADRID HISTÓRICO

Después de los innumerables problemas surgidos entre todos los artistas que presentaron proyectos a la obra -que a iniciativa de la reina Maria Cristina aprobó las Cortes el 23 de julio de 1887-, el 22 de julio de 1922 es inaugurado en solemne acto, con la presidencia de la Casa Real, el monumento al rey Alfonso XII.
Hoy, casi un siglo después de su inauguración, este monumento es el más representativo del arte escultórico español por el número de las obras expuestas, la variedad de sus artistas y el simbolismo que encierra. Por eso, puede ser considerado en su conjunto como el mayor museo al aire libre de la Comunidad de Madrid en su especialidad.

En 1901, Romero Robledo, como ministro del primer gobierno de Alfonso XIII retoma el tema y solicita a la reina una nueva ley para la materialización del proyecto. El 17 de abril, se convoca un concurso de ideas para el proyecto de una estatua ecuestre del monarca y una magnificación de su figura política como el rey “que terminó con la tercera guerra carlista; la guerra de Cuba y la promulgación de la Constitución”.
El proyecto definitivo recayó en la dirección de José Grases Riera, que decide que el monumento se ubique en el Parque del Retiro, junto al Estanque Grande y en un lugar donde no fuese necesario talar ningún árbol: el antiguo embarcadero Real -obra de Isidro González Vázquez-, que, aunque empequeñecía el estanque, le otorgaba visibilidad con el futuro monumento.
El día 18 de mayo de 1902, día siguiente a la proclamación de Alfonso XIII como Rey, se procedió a la colocación de la primera piedra del singular monumento.
El monumento consistía, en una amplia plataforma, que se conocería como Plaza de España, en cuyo centro, se elevaría el cuerpo escultórico dedicado al monarca, en el que se situaría la estatua ecuestre del Rey.

La doble columnata de 19 pilares cada sección, termina en unas pilastras de orden jónico, abiertas por el fondo; cuenta con un friso en el que se representan los escudos de todos las provincias españolas, que realizó Pedro Estany, y está flanqueada con cuatro estatuas de bronce representando las Ciencias, la Industria, la Agricultura y las Artes.
En la abertura del fondo asoman una representación de la Marina y otra del Ejército, y en la parte que se asoma a la balconada se sitúan cuatro leones -ahora de bronce, tras la reciente restauración-, que, por problemas de presupuesto, fueron realizados inicialmente en piedra. Cuatro sirenas cerca del agua rematan los adornos laterales.
En el podium central, se encuentra una cripta, con cuatro medallones alegóricos de las virtudes cardinales: Justicia, Templanza, Prudencia y Fortaleza
En la base del pedestal se hallan tres relieves en bronce de tres sucesos históricos de la vida del monarca. La restauración monárquica: en la representación, realizada por Pedro Carbonell, se ve al monarca agasajado por la Patria, que le ofrece flores, en presencia de los dioses del Olimpo griego que representan a los Mares –Neptuno-, la Tierra -Palas Atenea-, las Artes –Apolo-, la Industria –Mercurio-; mientras sobre las figuras centrales se inicia una aurora con la fecha de la restauración borbónica en números romanos (1875).
La caridad real. A manos de Lorenzo Coullaut-Valera, el rey auxilia a un hombre que no puede levantarse, mientras Cupido -símbolo del amor- y una representación del amor materno -madre con niño-, observan al monarca. En el fondo, unas figuras femeninas, que representan la Paz, cubiertas de flores, acompañan al rey.
Regreso triunfal del rey a Madrid. Realizado por Miguel Blay, muestra cómo el rey es recibido por la Patria. El escudo de Madrid sirve de apoyo al monarca y dos niños, que representan a Mercurio y a Apolo, lanzan flores; en segundo término, dos soldados, antes enemigos –uno pertenece al ejército real y el otro al bando carlista-, se funden en un abrazo. Una fecha sobresale del relieve: 20 de marzo de 1876, la del final de la tercera guerra carlista.
El Progreso. Ángel Trilles retrata a un joven portador de la antorcha del conocimiento heredado, acompañado del caballo, Pegaso, y a tres figuras femeninas, que representan las Letras, la Industria y el Comercio.
La libertad. Bajo la firma de Aniceto Marinas, la libertad viene representada por una joven con alas -alegoría del respeto a las leyes, la educación, el civismo y el trabajo-, que libera –rompiendo las cadenas- a dos condenados de una vida vil y mediocre; la joven se encuentra acompañada de las Letras y, a sus pies, una figura derrotada representa a la tiranía vencida.
La Paz. En este grupo realizado en bronce por el escultor Miguel Blay, una matrona extiende sus brazos sobre dos soldados, pertenecientes a las facciones carlista y liberal, que se abrazan. Sentada sobre el suelo, una madre contempla cómo un niño se acerca a los soldados, en actitud suplicante; en su mirada se aprecia un claro reproche a los excombatientes, por la orfandad del niño; tras ella, arrinconadas las herramientas que simbolizan el trabajo -hoces, martillos mineros y picos-, esperan para ser empuñadas de nuevo.
Un cuarto grupo, quedó inconcluso por la muerte del escultor. Se trataba de una representación de la Patria, y fue sustituido por un águila, que representa de la fuerza y el poder real, y está situada sobre la puerta de entrada de la cripta, en la base de la columna que sustenta la escultura ecuestre del rey.