madrid histÓrico

En el centro de Madrid, en la calle Milaneses esquina a Mayor, muy cerca del antiguo emplazamiento de la desaparecida Iglesia de San Salvador encontramos esta enigmática alegoría.
Su emplazamiento es visible desde la calle y está situada en la misma divisoria de dos azoteas. Los vecinos casi no se percataron de su instalación, llegó por sorpresa, a pesar de estar construido en fundición, patinado en verde, con más de doscientos cincuenta kilos de peso y algo menos de dos metros de altura, pero el lugar del emplazamiento nos sumerge en la duda e igual sucede con el personaje representado.

Por el aspecto podíamos pensar que es el mismísimo Diablo Cojuelo que desde el cercano campanario de San Salvador, mostraba las miserias urbanas del siglo XVII, como nos cuenta Vélez de Guevara. O el mismo hijo de Dédalo, Ícaro, que ha sido sorprendido por la Aurora y el astro rey ha destrozado el andamiaje de cera de sus alas...
Ante la duda el autor de la obra, Miguel Ángel Ruiz, nos da su versión “se trata de un accidente aéreo”, de un distraído viajero, que por culpa del paisaje, no se percata de que en su lugar de aterrizaje se ha construido una ciudad y su llegada a tierra se transforma en un accidente, que le fractura un brazo y algo más.
La simpleza de su explicación, aparenta ausencia de moraleja: no es un castigo divino, no es un pecado de soberbia, es simplemente un hecho cotidiano; pero pensando un poco más, se trata de una alegoría del fracaso inesperado, un accidente.
En la sección de sucesos de cualquier diario se podía haber escrito: un visitante a la urbe se estrella contra Madrid, venía desnudo, pero estaba bien preparado, hasta con espléndidas alas y ni tan siquiera llegó a poner un pie en la ciudad, antes de ello, se rompió la crisma.