HISTORICO


Nuestra Señora de Madrid

Ratoncito Pérez

En la iglesia parroquial de San Vicente Ferrer, en la calle Ibiza, tan cerca del Hospital Gregorio Marañón que, en ocasiones, se confunde con su capilla, se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Madrid. Esta talla del siglo XVI de aspecto apacible, muy bien tratada por el tiempo, cuenta con una azarosa vida que trataremos de narrar.

Fue trasladada aquí desde el Hospital General. Aquel enorme casón aglutinó todas las disciplinas médicas y sirvió, durante muchos años, como facultad de medicina. Estaba situado al final de la calle Santa Isabel, muy cerca de la estación del Mediodía, donde hoy se encuentra el Museo de Arte Moderno Reina Sofía.

Ratoncito Pérez

La imagen es propiedad de la Comunidad de Madrid y se trata de una talla en madera policromada formada por un torso con brazos articulados, acomodado sobre un armazón de madera, al que también se sujetan el vestido y el manto. Desde el interior del armazón, se puede manipular la figura para que realice algunos sencillos movimientos.

A la altura del regazo, se sujeta un niño Jesús de la misma época, dando la impresión que está apoyado en las manos de la Virgen. El conjunto tiene, en la actualidad, una altura estimada, de ciento cincuenta centímetros, pero con el armazón más grande la imagen podía llegar a tener mayor altura.

En la iglesia, reparten unas sencillas estampas, con una oración del siglo XVIII, donde se hace referencia a su azaroso recorrido hasta llegar al siglo XXI.

La rocambolesca historia de esta Virgen comienza cuando, en la segunda mitad el siglo XVI -siendo ya Madrid Corte por deseo expreso de Felipe II-, es robada de una ermita de Toledo y trasladada hasta la gran mancebía que prestaba sus servicios en la calle del Carmen.

Ratoncito Pérez

La talla, con otras vestiduras, por supuesto, era utilizada como reclamo móvil en la fachada del comercio y un hombrecillo desde su interior la zarandeaba, para conseguir un movimiento que llamara la atención de los viandantes.

El Padre Bernardino -iniciador de la enfermería moderna- intuía que aquel elemento de merchandising no era una insulsa marioneta y trató varias veces de convencer a los rufianes que regentaban el lugar para que le vendieran el artilugio. Sin conseguirlo y dado su impetuoso carácter, denunció el hecho a la Inquisición, que investigó el caso, puso a buen recaudo a los proxenetas y en fuga a sus pupilas. Recogió la imagen, la consagró de nuevo y le dio más digna representación.

La imagen fue venerada en un principio en el Hospital de Convalecientes. Allí también recibió sepultura el Padre Bernardino en 1598 y, durante su velatorio, tuvo que ser cambiado dos veces de hábito , ya que los feligreses arrancaban trozos de él como reliquia.

En 1621 se traslada el cuerpo del Venerable y la imagen, al Hospital General. El acto lo presidió el mismísimo Felipe IV y, desde esa fecha, Nuestra Señora de Madrid presidió la capilla del hospital, siendo una buena intercesora entre el dolor de los enfermos, las plegarias de los familiares y el Altísimo, además de testigo inmutable de innumerables bodas de médicos y sanitarios desde las capillas que la acogieron después del rescate del humillante trabajo que le encomendaron en el burdel de la calle del Carmen.

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