Esta ruta que os proponemos y que recorre el Valle alto de la cuenca del Lozoya tiene su punto de partida y finalización en dos puertos de montaña, el de Cotos y el de Canencia. Entre ambos, y siguiendo el curso del río Lozoya, encontraremos Rascafría, Alameda del Valle, Pinilla del Valle, Lozoya, Gargantilla del Lozoya, Navarredonda, Garganta de los Montes y Canencia.
El recorrido desde Madrid suma más de 240 kilómetros. Esta razón y el gran número de localidades por las que pasa, sumadas a los distintos recorridos que podéis realizar por la sierra, hace aconsejable una duración de tres o cuatro días para esta ruta. Dependerá, eso sí, del tiempo de que dispongáis y, sobre todo, del que decidáis dedicar a la contemplación del maravilloso entorno natural por el que se desarrolla todo el recorrido.
Situado a 1830 metros de altitud, el puerto de Cotos es un paso de montaña que separa las provincias de Madrid y Segovia. Este pico de la sierra de Guadarrama es el punto de partida de nuestra ruta. Tenéis que ser previsores y si estáis viajando en los meses de invierno, es necesario que llevéis cadenas, por si os sorprende alguna nevada.
Desde el puerto de Cotos podéis realizar muchas actividades, desde el esquí hasta montar en trineo. Además, en el término municipal de Rascafría se sitúa el
Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara, donde se encuentra el pico más alto de la sierra de Guadarrama, el de Peñalara, varios circos -cuencas producidas por la acumulación del hielo- y varias lagunas, todas ellas de origen glaciar. No podéis dejar de aprovechar la posibilidad de visitar el parque y realizar alguna de sus rutas. En el puerto de Cotos hay una oficina de información del parque donde os facilitarán todos los datos necesarios.
Para subir al puerto de Cotos, casi con toda seguridad habréis pasado por Rascafría, localidad a la que ahora regresamos para continuar con nuestra ruta.
Esta localidad está estrechamente ligada a la construcción del cercano
monasterio de El Paular
, a tan solo dos kilómetros de la localidad. La construcción de este monasterio se inició en 1390, a causa de una promesa del rey Enrique II de Castilla,
aunque se tardarían varios siglos en terminar todo el conjunto. Consta de un palacio, la iglesia y el monasterio, rodeado por una amplia extensión de olmos
centenarios. De belleza singular, el monasterio de El Paular fue declarado hace más de 100 años monumento histórico-artístico de interés nacional. Sus primeros moradores fueron religiosos cartujanos, que permanecieron en el recinto hasta mediados del siglo XIX, en que fue abandonado tras el proceso de desamortización. A mediados del siglo XX una parte del monasterio se cedió a los benedictinos, que siguen en el lugar, aunque otra parte del complejo se ha habilitado como hotel. Sin duda, un lugar espectacular para tomaros unos días de descanso y degustar el magnífico queso que elaboran los religiosos benedictinos.
Entre el monasterio y Rascafría podéis encontrar la casa de la Madera, edificio del siglo XVIII que fue una serrería dependiente de El Paular. También a las afueras de Rascafría se halla el puente del Perdón. El que existe actualmente es del siglo XVIII, aunque se construyó sobre las ruinas de uno anterior que data del siglo XIV. En este puente, se reunían las autoridades locales para decidir si un acusado era culpable o no del delito que había cometido.
Junto al puente del Perdón encontraréis el Arboreto Giner de los Ríos, un jardín botánico a orillas del río Lozoya que reúne especies muy variadas: álamos, abedules, robles, sauces, avellanos... Este jardín está dedicado al fundador de la Institución Libre de Enseñanza y descubridor de la sierra de Guadarrama.
Ya en la ciudad, debéis visitar la iglesia de San Andrés, del siglo XV, que mezcla el estilo gótico y renacentista. En su interior guarda pinturas del varios pintores españoles del siglo XVII, como Juan Sánchez Cotán o Alonso Cano.
A menos de cinco kilómetros de Rascafría se encuentra la siguiente parada de la ruta.
Situada entre la cordillera del Guadarrama y los Altos del Hontanar, Alameda del Valle guarda en su término municipal el pico de Malagosto, puerto que durante siglos fue la vía de comunicación entre Segovia y el valle del Lozoya.
Alameda del Valle se nutrió económicamente de la ganadería, gracias a sus excelentes pastos, cobrando peaje a los rebaños que atravesaban sus tierras. En la actualidad, y gracias a la cercanía del embalse de Pinilla, el turismo ha dado un nuevo empuje a la localidad. En su visita, hay dos puntos de especial interés. La iglesia de Santa Marina Virgen y Mártir, del siglo XVI, con una portada plateresca.
La otra visita obligada es la ermita de Santa Ana, situada a tres kilómetros de la población y desde la que podéis tener una hermosa vista de todo el valle.
A muy poca distancia -si os apetece podéis hacer el recorrido andando a través del sendero que las une- se encuentra Pinilla del Valle. Bañada por el río Lozoya y por el embalse al que da nombre, Pinilla es una pequeña localidad donde los fresnos y los álamos se agolpan entre los cauces de agua creando un ambiente muy especial.
Aunque Pinilla comienza a mantener una población estable en la Edad Media con los musulmanes, se han encontrado en una cueva cercana restos del Paleolítico y de la Edad de Bronce.
En la localidad podéis visitar la iglesia de San Miguel, del siglo XVI. Pinilla del Valle basa en la actualidad su economía al incremento del turismo rural, de naturaleza y de deportes náuticos, gracias en gran medida al embalse.
Su inconfundible enclave a los pies del puerto de Navafrí, bañado por el embalse de Pinilla, han hecho de Lozoya un lugar ideal de veraneo o para pasar largas
temporadas alejados de la algarabía de la gran ciudad. Lozoya, al igual que muchas de las localidades del norte de Madrid, fue repoblada por pastores segovianos a partir del siglo XII, siendo la ganadería la principal fuente
de ingresos durante muchos siglos. Uno de sus vecinos más ilustres fue Juan Pacheco en 1419, marques de Villena y noble de la corte de Enrique IV.
En la localidad podéis visitar el puente medieval del Congosto y la iglesia de San salvador, del siglo XVI, con una portada renacentista de bella factura. Desde Lozoya parten distintas rutas de senderismo que suben hacia el cerro del Chaparral u os llevan a la cercana localidad de Navarredonda. Asimismo, varias son las áreas recreativas en las que podéis pasar el día y reponer fuerzas: son las de Hoya Encavera, Peralta, El Mirador y Las Lagunillas. Junto a Hoya Encavera podéis practicar la pesca o refrescaros en las aguas del embalse.
Nos adentramos un poco más hacia el norte, siguiendo el curso del río Lozoya, para encontrarnos con dos núcleos de municipios. El primero, Gargantilla del
Lozoya y Pinilla de Buitrago, se localiza bajo la sierra de Guadarrama. Son dos pequeños núcleos urbanos entre los que cabe destacar en Gargantilla la iglesia
de San Benito Abad, del siglo XVI; en Pinilla la de la Santísima Trinidad, del mismo siglo. Para visitar ambas localidades podéis ir en carretera o utilizar la senda
que lleva hasta Pinilla de Buitrago y discurre muy próxima al embalse de Riosequillo.
Navarredonda y San Mamés se localizan en un hábitat privilegiado, en un extremo del valle del Lozoya recortado por la sierra de Guadarrama. Navarredonda y San Mamés apenas se distancian un kilómetro la una de la otra. Y es que es el entorno natural que rodea ambos núcleos urbanos, con bosques poblados de robles, fresnos y encinas, uno de los principales atractivos de la localidad.
Antes de proseguir camino, en San Mamés tenéis que visitar la iglesia de la localidad, con un espléndido ábside románico-mudejar extraordinariamente bien conservado.
Cruzamos el río Lozoya para visitar Garganta de los Montes, un municipio que, al igual que los que acabamos de visitar, está compuesto por dos núcleos urbanos:
el de Garganta y el de El Cuadrón. En Garganta cabe destacar la iglesia de San Pedro, templo del siglo XV, que tiene en su pórtico una escultura que homenajea
a las altareras, las mujeres que año a año se encargan de adornar el pueblo para las fiestas del Corpus. Paseando por sus calles llegaréis a
dos hermosas plazas, la del Pocillo y la de San Pedro.
Esta pequeña localidad, rodeada de arroyos, debe su nombre, según las crónicas, a que antiguamente era zona de perreras reales destinadas a la caza. De hecho, en las cuatro esquinas de los aleros de la iglesia de la localidad figuran algunas cabezas de perro.
Canencia es, en la actualidad, una agradable localidad en la que degustar ricos asados propios de la serranía norte de Madrid, y en la que disfrutar de la riqueza natural que la rodea, desde el pueblo hasta su puerto. Muy cerca de allí está el bosque de Mojonavalle, con una zona de ocio donde poder disfrutar del día tomando alguno de sus senderos y dejándoos seducir por la musicalidad de los arroyos que rodean a Canencia.
Finalizamos la ruta en altura, en otro puerto, en este caso el de Canencia. De gran riqueza paisajística, el puerto de Canencia ofrece al viajero varias sendas para recorrerlo y descubrir así la abundante flora y fauna del lugar. Cerca de la cumbre hay un agradable merendero donde podéis descansar y reponer fuerzas para la vuelta a casa.
Kms desde Madrid: 241.5
Kms de la ruta: 68
Duración:3/4 días
Tipología: amigos/parejas