Ruta Cuenca del Lozoya-Valle medio


Paisajes y pueblos de la ruta

La ruta que transcurre por el valle medio de la Cuenca del Lozoya tiene su punto de partida en la ciudad monumental de Buitrago de Lozoya y finaliza en la localidad de Piñuécar. En su recorrido, de casi 75 kilómetros, visitaréis los municipios de Villavieja del Lozoya, Gascones, La Serna del Monte, Braojos, La Acebeda, Robregordo, Somosierra, Horcajo de la Sierra y Madarcos. Una ruta en la que descubriréis muchas agradables sorpresas, como la visita a una de las joyas de la sierra Norte, la iglesia de Braojos, o como un magnífico paseo entre los abedules de Somosierra. Todo esto sin olvidar la importancia que marca el agua en todo recorrido, desde el río Lozoya hasta el único embalse que contiene la ruta, el de Riosequillo.

Aunque todo el recorrido se podría realizar en dos días muy intensos, si lo que queréis es pasar unas jornadas tranquilas, en contacto con la naturaleza, descubriendo el encanto de pequeñas localidades serranas y degustar lo mejor de la gastronomía de la cuenca del Lozoya, plantearos esta excursión para tres o cuatro días, pudiendo pernoctar en Buitrago, Braojos o Somosierra.

Buitrago de Lozoya[+]

Vista general de la ciudad de Buitrago, la muralla y el río Lozoya. El viaje comienza en la monumental ciudad de Buitrago de Lozoya, una de las localidades más importantes del norte de Madrid y que posee el recinto amurallado mejor conservado de toda la comunidad. La belleza de esta localidad está subrayada por el curso del río Lozoya, que baña uno de los laterales de la muralla, y por el hermoso enclave natural que la rodea, enmarcado por los embalses de Riosequillo y Puentes Viejas.

Buitrago de Lozoya hunde sus raíces en el paso de los romanos por la península ibérica, ya que la localidad se identifica con la romana Litabrum. En sus murallas se pueden observar el paso de los musulmanes por la comarca, aunque su construcción más reciente es de la época de la reconquista cristiana.

El recinto amurallado de Buitrago de Lozoya y su casco antiguo han sido declarado Conjunto Histórico-Artístico. El río Lozoya circunda por todos sus lados menos el meridional a la muralla, convirtiéndose así en un foso natural de defensa. Trece son las torres que se sitúan en su perímetro, siendo una de las más atractivas la del Reloj, que alcanza los 16 metros de altura. Parte de los 800 metros que componen el recinto amurallado pueden ser recorridos por los visitantes.

A la entrada de la ciudadela de Buitrago podéis ver la Iglesia de Santa María, del siglo XIV, que ha sufrido múltiples reformas debido, en parte, a los incendios que se sucedieron durante la invasión napoleónica y a los destrozos provocados por la Guerra Civil.

Panorámica aérea de la ciudadela de Buitrago de Lozoya. Paseando por el casco antiguo, podéis ver el Castillo de Mendoza, familia muy vinculada a la localidad. Este castillo data del siglo XV, aunque fue reformado posteriormente. Un incendio daño toda la construcción y, en la actualidad, el patio interior ha sido reformado para convertirlo en un coso taurino. Si visitáis la ciudad durante el mes de septiembre, os encontraréis directamente sumergidos en la Edad Media, ya que en los últimos años se ha hecho muy popular la Feria Medieval que se celebra en la ciudad.

Antes de dejar Buitrago, y después de degustar sabrosas carnes en alguno de sus restaurantes, es muy recomendable la visita al Museo de Picasso que se encuentra en la plaza de mismo nombre. Este museo nace de la mano de Eugenio Arias, natural de Buitrago, y más conocido quizás por ser el peluquero del famoso genio malagueño. La amistad que unió a Picasso y a Arias se estableció en la Costa Azul francesa, en la localidad de Vallauris, donde Picasso pasaba grandes temporadas y donde Eugenio Arias tenía su peluquería. La amistad entre ambos ha dejado multitud de piezas que el pintor regalaba a su peluquero y que están fechadas desde 1948 a 1972. Destacan, principalmente, obras con dibujos relativos a la tauromaquia, ya que era la pasión de ambos amigos. En este museo se encuentra también una hermosa bacía de cerámica con las siluetas de Don Quijote y Sancho Panza. La entrada es gratuita y solo hay que tener la precaución de no visitarlo en lunes, día que cierra.

Al salir de la ciudad y antes de emprender camino hacia el próximo item de nuestra ruta, podéis pasar por el embalse de Riosequillo, que dispone de una Área Recreativa y un complejo deportivo y de ocio donde podéis practicar diversos deportes. De especial interés son los jardines que rodean al embalse, con una cuidada selección de especies arbóreas y de plantas que lo convierten en un espléndido jardín botánico.

Villavieja del Lozoya, Gascones y La Serna del Monte

El siguiente item importante en nuestra ruta se sitúa en la localidad de Braojos, pero antes de llegar a ella atravesaréis tres pequeñas localidades típicamente serranas: Villavieja del Lozoya, Gascones y La Serna del Monte.

Detalle de casa de piedra de Villavieja del Lozoya. Villavieja del Lozoya es una pequeña localidad enclavada en la sierra de Guadarrama, bañado su territorio por el río del que toma su sobrenombre. Ofrece a los visitantes interesantes rutas por la naturaleza, como la que lleva por el valle hasta el macizo de Peñalara. Con un poco de esfuerzo, podréis subir al puerto de Linera, a 1834 metros sobre el nivel del mar.

La localidad conserva restos de arquitectura serrana en la construcción de sus viviendas, algunas de ellas con corral, granero y patio. La iglesia parroquial de la Inmaculada es una construcción reciente, aunque está sobre las ruinas de un templo anterior de época medieval.

Detalle del campanario de la iglesia de Santo Tomás en Gascones. Gascones se encuentra a pocos kilómetros de Villavieja. Esta localidad, en cuyo territorio se ubica el pico Reliquias de casi 2000 metros de altitud, fue zona de frente durante la Guerra Civil. Es por esta razón por la que aún se conservan en la localidad las edificaciones que se construyeron para la tropa, así como la llamada Casa del General. Pero el asentamiento militar tuvo graves consecuencias para la iglesia de Gascones, la de Santo Tomás, del siglo XVII.

Tras la guerra quedó casi totalmente destruida y solo conserva de su factura original las columnas del pórtico.

Por último, antes de llegar a Braojos, tenéis la posibilidad de visitar La Serna del Monte. Esta localidad se asienta en una ladera de Guadarrama, a más de 1.000 metros de altitud. Su núcleo urbano está rodeado de campos de siembra y superficies de pasto para ganado. Posee una iglesia, la de San Andrés, del siglo XVII, que conserva en su interior un magnífico retablo barroco. La Serna del Monte, al igual que Gascones, fue lugar de paso de las tropas durante la guerra Civil, de la que aún se conservan algunos búnkeres.

A escasos kilómetros de La Serna se encuentra la próxima parada de nuestra ruta, donde podréis visitar una de los retablos más bellos de toda la sierra Norte madrileña.

Braojos

Vista del retablo de la Iglesia de San Vicente Mártir en Braojos La primeros pobladores de Braojos fueron pastores que se asentaron en las laderas de la sierra con sus ganados y delimitaron pequeñas huertas para la labranza. La localidad se estructura en dos zonas; la alta donde está la iglesia, y la baja, en la que se asienta el ayuntamiento en la plaza del Sol.

Es esta iglesia, la de San Vicente Mártir, una visita casi obligada si visitáis Braojos. Conocida antaño como la catedral de la Sierra, este templo, del siglo XVII, está flanqueado por una torre que, en origen, era una torre defensiva del siglo XIV-XV. Pero lo realmente importante lo guarda en su interior.

Vista del campanario de la iglesia de San Vicente Mártir en Braojos.El retablo, dedicado a San Vicente Mártir, es una obra de la escuela de Churriguera, realizada por el escultor Gregorio Fernández, que estaba casado con una vecina de Braojos, y el pintor Vicente Carduccio. En su interior también se guarda una talla del siglo XII de la Virgen del Buen Suceso. Para su visita es necesario concertar cita con la parroquia o con el ayuntamiento.

Pero no sólo es interesante la visita a Braojos por su importancia arquitectónica y artística, sino que su especial ubicación la hace ideal para la práctica del senderismo. Tres rutas principales parten de la localidad; una hacia el arroyo de la Cigüeñela, otra que bordea la Dehesa Boyal y una tercera que sube al puerto de Peña Quemada.

Tras la visita a Braojos, debéis retornar por la misma carretera hasta regresar a Buitrago, para poder tomar la ruta hacia La Acebeda. En Buitrago podéis cenar con fruición y pernoctar, para así deleitaros con la vista de la ciudadela de noche.

La Acebeda

Retomamos el camino en La Acebeda que, como su nombre indica, es una población rica en parajes donde abundan los fresnos, los sauces, los robles y, sobre todo, los acebos, bañados por numerosos arroyos. En la entrada de la localidad se encuentra el Área Recreativa La Dehesa, un espacio equipado con mesas y bancos donde pasar el día rodeado de un entorno privilegiado lleno de árboles y pequeñas cascadas.

Merendero entre acebos en La Acebeda. Ya en el pueblo podéis visitar la iglesia de San Sebastián, barroca del siglo XVII; la Casa de la Peña; las fuentes del Acego y el Lavadero; una antigua fragua y un potro de herrar. Desde la localidad parten diferentes excursiones, siendo una de las más interesantes la que lleva al puerto de La Acebeda, siguiendo el recorrido que hacían los rebaños que viajaban desde Madrid a Segovia cruzando la sierra de Guadarrama.

Y si queréis observar en toda su plenitud un magnífico conjunto de los acebos que han dado nombre a esta localidad, en el paraje cercano de El Horcajuelo se encuentran gran número de ejemplares de este hermoso arbusto.

Robregordo

Vista general de la escalinata de la Iglesia de Santa Catalina en Robregordo La ruta continúa camino de Robregordo, acercándonos cada vez más al puerto de Somosierra. En origen, esta localidad fue una venta en la que repostaban y descansaban los viajeros que atravesaban el Camino Real entre las dos Castillas. Posee una iglesia, la de Santa Catalina, con una torre cuadrada, que data aproximadamente de 1700.

En la localidad también podéis visitar una antigua fragua y un potro de herrar.

Robregordo es un paraje ideal para todos los amantes de las excursiones al aire libre, ya que desde sus lindes se puede visitar el cercano bosque de acebos de la Dehesa Boyal hasta llegar a la cercana La Acebeda. Otras rutas acercan al viajero a los arroyos de Santo Domingo, la Umbría o las Lagunas de Majafrade.

Al abandonar Robregordo, el camino se hace más escarpado. Nos vamos acercando a Somosierra, el núcleo de población más alto de la comunidad de Madrid.

Somosierra[+]

Vista general de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves en Somosierra. Paso obligado entre las provincias de Madrid, Guadalajara y Segovia, Somosierra se asienta en al sierra del mismo nombre y ha tenido históricamente una gran importancia como control y defensa del paso hacia Madrid. De hecho, en sus tierras se libró una de las batallas más importantes de la invasión francesa en la península, la de Somosierra. Según cuentan los cronistas Napoleón, cansado de la resistencia de los soldados españoles, mandó contra ellos un batallón de lanceros polacos a caballo. La victoria cayó del lado francés y Napoleón se abrió paso hasta la capital. Una placa recuerda tan aciago momento para la localidad, pues Somosierra perdió la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, que tuvo que ser posteriormente restaurada.

Para disfrutar de la riqueza del entorno de Somosierra, podéis realizar a pie algunas de las rutas que transitan las montañas cercanas. Una de ellas conduce al puerto, donde podéis visitar la Ermita de la Soledad, desde la que se puede disfrutar de hermosas vistas de todo el paraje que rodea a Somosierra.

Detalle de cascada de agua en las cercanías de Somosierra.Los excursionistas más avezados pueden intentar el ascenso a la cumbre de la peña Cebolleta Vieja, a 2129 metros de altitud. Como premio, una de las mejores panorámicas de toda la sierra madrileña.

En el término municipal de la localidad se encuentra el mejor abedular de toda la provincia. Si queréis llegar a él, tenéis que tomar camino a la peña del Chorro. En esta peña, y en la época del deshielo, se puede ver una de las pocas cascadas que tiene la comunidad de Madrid, la denominada Chorrera de los Litueros.

Horcajo de la Sierra

Fuente de piedra en Horcajo de la Sierra El recorrido de nuestra ruta comienza su descenso de camino a la localidad de Horcajo de la Sierra. Este pequeño municipio debe su nombre a la confluencia de dos ríos, el río Madarquillos y su afluente el arroyo del Valle de las Moreras. Y es que eso significa horcajo, confluencia de ríos.

El agua es, pues, parte integrante de esta localidad y de su entorno más cercano, rodeado de frondosos bosques que van dibujando el perfil de la sierra.

Horcajo cuenta con una iglesia gótica del siglo XV, la de San Pedro in Cathedra, cuyo cementerio está adosado al templo. En su interior guarda un retablo gótico del XVI y diversas tablas flamencas, una de ellas representando a San Pedro.

A las afueras del pueblo, de camino a Madarcos, se encuentra un puente romano bien conservado.

Madarcos

Detalle del campanario de la iglesia de Santa Ana en Madarcos. Madarcos es la penúltima de las localidades que cruza esta ruta por la cuenca del Lozoya. El principal encanto de esta localidad reside en su entorno natural, poblado de numerosos arroyos y con excelentes panorámicas de la sierra. No dejéis de pasear por sus senderos en busca de un poco de la tranquilidad que sólo se puede obtener en contacto con la naturaleza. Buen ejemplo de ello es la senda que lleva al pico de la Dehesilla, a 1316 metros de altitud, y que recorre hermosos parajes ricos en flora y fauna.

En la localidad podéis visitar la iglesia de Santa Ana, una construcción del siglo XVII, así como el potro de herrar y la fragua. Madarcos es una localidad que se ha sabido adaptar a los tiempos. Sus recientes construcciones, el ayuntamiento y el consultorio, han recibido un premio de Calidad de la Comunidad de Madrid por su magnífica adaptación a la arquitectura serrana predominante en esta parte de la sierra madrileña.

Piñuécar

El recorrido por el valle medio de la cuenca del Lozoya pone su punto final en la localidad de Piñuécar, una de las pocas localidades de todo el recorrido que se asienta en terreno llano.

Piñuécar debe su nombre a los extensos pinares que cubren las zonas altas del territorio. Forma municipio con la cercana población de Gandullas, ambas poblaciones fundadas por pastores venidos de Buitrago para repoblar la zona tras la reconquista. De aquella época queda como mudo testigo, a las afueras de la localidad, la espadaña de la que fuera la iglesia de Santo Domingo. Entre los mentideros de la zona, se dice que las piedras de éste templo sirvieron para construir el que actualmente se asienta en la localidad, el de San Simón.

Restos de la espadaña de piedra de la iglesia de Santo Domingo en Piñuécar. La arquitectura serrana está muy presente en Piñuécar, sobre todo en casas de piedra y madera, de amplios portones para dejar entrar al ganado y pequeñas ventanas para contrarrestar los efectos del frío invernal. En la plaza Mayor se sitúa el edificio del ayuntamiento y una fuente de piedra.

Los parajes que rodean Piñuécar ofrecen al visitante diferentes excursiones por las antiguas vías pecuarias. El entorno es tan agradable que se ha instalado en las cercanías de Piñuécar un campamento para escolares de la Comunidad de Madrid, donde los más jóvenes pueden disfrutar de diferentes actividades al aire libre.

Con esta ruta, os habéis adentrado en el valle medio de la cuenca del Lozoya, rica en parajes naturales, bañados por múltiples riachuelos y arroyos que, en su mayoría, vierten sus aguas en el río Lozoya. Un enclave privilegiado para conocer mejor la geografía de la provincia y disfrutar de la amabilidad y generosidad de sus gentes.

Itinerario


Información útil

Kms desde Madrid: 232

Kms de la ruta: 73

Duración:3/4 días

Tipología: amigos/parejas


Mapa de situación

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