Con este recorrido proponemos al viajero aficionado al arte y la cultura un encuentro con el patrimonio religioso de la Comunidad de Madrid. Su origen, mezclado de Edad Media, Renacimiento y Barroco, proviene de la vinculación de este territorio con la corona y con el arzobispado de Toledo, sin olvidar la influencia segoviana en la zona norte de la provincia. En la actualidad, ese gran patrimonio de origen religioso se encuentra repartido a lo largo de multitud de templos y edificios que, a pesar de las mermas sufridas por guerras y demás catástrofes, conforman un rico y amplio legado artístico equiparable al de cualquier otra región española.
El antiguo palacio de don Alonso Gutiérrez fue trasformado, gracias a la iniciativa de doña Juana de Austria, en convento de clarisas a partir de 1566. La iglesia conventual debe su fachada a Juan Bautista de Toledo. En su interior se conserva el sepulcro de la fundadora, obra de Pompeo Leoni.
En el museo destaca el conjunto de pintura flamenca, italiana y española del siglo XVII. La suntuosa escalera del palacio, decorada con frescos atribuidos a Antonio de Pereda, da paso al claustro alto, al que se abren numerosas capillas. Magnífica colección de tapices, perteneciente a la serie "El triunfo de la Eucaristía", que se realizó según cartones de Rubens. El museo conserva un valioso conjunto escultórico.
La arquitectura de este monasterio de agustinas recoletas, fundado en 1611 por Margarita de Austria, acabó marcando un nuevo modelo que se dio en llamar barroco madrileño. El interior del templo se decoró con frescos pintados en el siglo XVIII por los hermanos González Velázquez y Francisco Bayeu. Destaca el gran cuadro que preside el altar mayor, pintado por Vicente Carducho. El Museo guarda una magnífica colección de pintura española del siglo XVII. Una de las estancias más conocidas y representativas del conjunto es el relicario. Guarda setecientas piezas, la mayoría de los siglos XVII Y XVIII, Y se considera uno de los más importantes del mundo. La reliquia de San Pantaleón, que conserva su sangre coagulada, el día 27 de julio de cada año se convierte en noticia cuando se produce el fenómeno de la licuefacción.
Desde Madrid, el paisaje ya no es el que admiraron los poetas de la Generación del 27 cuando se escapaban a la antigua ciudad universitaria. Hoy atravesamos poblaciones trasformadas al abrigo del desarrollo económico, pero quedan huellas de tiempos más pausados y de caminar más discreto. Pasando por encima del dieciochesco puente de San Fernando, que permite cruzar el río Jarama, llegamos en un santiamén a la orgullosa y culta Alcalá de Henares.
Complutum de los romanos, Alcalá de musulmanes y cristianos; mimada por sus señores, los arzobispos de Toledo, se convirtió en centro universitario renovador y ejemplar en el siglo XVI gracias al Cardenal Cisneros. Su patrimonio, revalorizado con el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, conserva en lo religioso una importante muestra de su magnífico pasado. Quizá, para empezar, no estaría de más acercarnos al Museo del Oratorio de San Felipe Neri, que conserva una interesante colección de obras de arte de los siglos XVII al XIX.
Este antiguo monasterio cisterciense se empezó a construir a partir de 1618. La fundación se debe al Arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval y Rojas, que encargó las trazas a Juan Gómez de Mora. El templo, de planta oval, es el mejor ejemplo español de las maneras ideadas por Vignola en la Italia del siglo XVI. El interior muestra el magnífico conjunto de pinturas de Angelo Nardi y el retablo templete de Francisco Bautista. El museo se sitúa en las tribunas usadas por la corte de los arzobispos de Toledo. A lo largo de las siete salas y el corredor se nos irá abriendo paso el antiguo mundo de las clausuras gracias a la celda o a la cocina conventual. El arca de plata del emperador Carlos V, el sillón arzobispal regalo del fundador, ropas litúrgicas, pintura y demás objetos artísticos recrean los ambientes del siglo XVII.
La Catedral Magistral se sitúa sobre el lugar donde fueron martirizados Justo y Pastor en el año 305. El actual edificio se debe a la reconstrucción ordenada por el Cardenal Cisneros a partir de 1497. Sus trazas góticas fueron diseñadas por los arquitectos Antón y Enrique Egas, mientras que su torre, algo posterior, se debe en sus orígenes a Rodrigo Gil de Hontañón.
El museo ocupa los espacios de lo que fue sala y antesala capitular y el claustro del siglo XVII. Se conserva una magnífica colección de orfebrería y destacan pinturas como el tríptico flamenco con el tema de la Epifanía. Telas, objetos de culto y documentos completan la colección. En el museo se ha restaurado y recreado parte de la antigua escalera renacentista del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares y se ha colocado el sepulcro gótico del Arzobispo de Toledo Carrillo de Acuña.
Tuvo el honor de ver nacer al Cardenal Cisneros. Por su parte, Cisneros, quiso honrar a su lugar de origen con riquezas y bienes que todavía hoy hacen de esta localidad un admirable conjunto histórico-artístico.
Su plaza Mayor acoge uno de los edificios más bellos de la Comunidad de Madrid: la Iglesia de Santa María Magdalena. Obra de estilo gótico de incalculable valor artístico, que, sin ser catedral, no desmerece en absoluto de este título. El edificio es en sí mismo un verdadero museo que guarda, tanto en la propia iglesia como en las dependencias anejas, una magnífica colección de obras de arte de los siglos XIV al XVIII.