En el suroeste de la comunidad de Madrid y bañada por el río Perales, Navalagamella es una pequeña localidad que tiene sus orígenes en las repoblaciones por parte de pastores tras la reconquista cristiana. Desconocida por muchos madrileños, ofrece a sus visitantes múltiples ofertas lúdicas para disfrutar del tiempo libre, desde las actividades náuticas en el cercano embalse del Cerro Alarcón, la ruta entre encinares para recorrer sus molinos de piedra o el paso de la Cañada Real Leonesa.
Esta ruta que os proponemos mezcla el paisaje urbano de la localidad con los parajes naturales que la rodean. Tras una visita a la localidad descubriendo sus iglesias y ermitas más bellas, presentamos una ruta de senderismo para que conozcáis los museos de piedra que daban fama a la localidad, regresando por la Cañada Real que, durante siglos, sirvió para la trashumancia de los pastores madrileños y castellanoleoneses.
Pese a que los estudiosos sitúan el principio de los asentamientos en Navalagamella tras la expulsión de los musulmanes de la zona, es cierto que no sería hasta el siglo XV cuando la localidad viviera un momento de esplendor debido, principalmente, a las cercanas obras del Monasterio de El Escorial. De esa época es el auge de la economía local, centrada principalmente en la fabricación de paños y encurtido de cueros.
Fue tal la importancia que adquirió la localidad que en 1782 Navalagamella contaba con siete ermitas, de las que actualmente solo se conservan tres: la de San José, la del Santísimo Cristo de la Sangre y la de San Miguel. Las dos primeras tuvieron que ser reconstruidas tras la guerra civil y conservan pocos vestigios de su época anterior. La de San Miguel podéis visitarla en el paraje cercano a la localidad denominado Los Degollados.
La iglesia parroquial de Navalagamella está consagrada a Nuestra Señora de la Estrella y data del siglo XV. El edificio es de una sola planta y posee una torre campanario de muy bella factura. De camino a la plaza de España, podéis ver la Torre del Reloj, que se cree data de la construcción del antiguo ayuntamiento en el siglo XVII. Tiene dos cuerpos, el reloj se sitúa en el segundo, y está coronada por una pequeña espadaña.
Navalagamella está muy vinculada al agua y a los cauces y arroyos que bañan su término municipal. El río Perales nace de la confluencia de varios arroyos, como el de Valladolid, el de Conejeros o el de Fuente Vieja. A la altura de Navalagamella sus aguas se recogen en la presa de Cerro Alarcón, para continuar camino hacia el río Alberche, del que es afluente. El Alberche verterá sus aguas, más adelante, en el río Tajo.
El
caudal del río Perales es muy desigual, siendo en los meses estivales casi inexistente. Para el desarrollo de esta ruta, os recomendamos que lo hagáis desde
otoño a primavera, después de las primeras lluvias. Durante el invierno, el caudal del río era usado por los habitantes de Navalagamella para hacer funcionar
sus molinos harineros de piedra, seis en total.
La referencia más antigua que se ha encontrado de los molinos de Perales data del Libro de la Montería de Alfonso XI. Son el Molino Alto, el Molino de la Hondilla o Baltasar, el Molino Serrano, el antiguo Molino del Real Monasterio de El Escorial y el Molino de Navacerrada. Todos, excepto el de El Escorial, eran de propiedad particular y se subarrendaban a molineros para su explotación.
La ruta de senderismo que os proponemos recorre alguno de estos molinos, o lo que queda de ellos y regresa luego al pueblo utilizando la Cañada Real Leonesa.
Para comenzar la ruta debéis dejar el coche una explanada que hay antes de entrar al pueblo. Es el aparcamiento del puente el río Perales, donde podéis visitar antes de iniciar el camino un pequeño puente medieval, el del Pasadero, que ayudaba a salvar el cauce del río en los meses más caudalosos.
En el aparcamiento comprobareis que hay unos paneles informativos que os resumen la ruta y los kilómetros que la componen. La que os proponemos discurre por el mismo camino que os indican, pero al llegar a un pequeño puente en ruinas, en vez de retornar por el mismo camino os recomendamos que toméis la senda de la Cañada Real.
Tomando el camino de tierra, dejaréis una vivienda a la izquierda y continuaréis por la senda de la derecha. Al principio de ésta tenéis otro cartel indicativo de la ruta que estáis tomando.
El desnivel no es muy acusado, por lo que esta ruta de senderismo es ideal para realizar con niños o bien para personas que no están muy acostumbradas a la práctica de este deporte. No obstante, no hay que olvidar que el recorrido total supera los cinco kilómetros.
A los pocos metros encontraremos ya las ruinas de dos molinos de piedra, el segundo de ellos con un pequeño acueducto y una torre de presión. Un poco más adelante podéis ver un canal de agua y unas tuberías con las que transportaban el agua. Durante el paseo, acercaros al río y, con un poco de suerte, podréis descubrir algunos peces y varias de las aves rapaces que se alimentan en esta zona, como el martín pescador.
Siguiendo el curso del río Perales llegaremos a la confluencia del arroyo de Fuente Vieja y el arroyo de Morales, vertiendo sus aguas al río. Un poco más adelante, cerca de un pequeño puente en ruinas está el cambio de camino en nuestra ruta.
Aunque ya están prácticamente en desuso, las cañadas han sido durante siglos el cauce natural por el que pasaban los rebaños en busca de mejores pastos. Estas vías pecuarias se denominaban reales cuando su anchura llegaba a los 75 metros. Es el caso de esta cañada, que en algunos tramos llega a superar los 100 metros de anchura.
Para seguir la ruta de camino al punto de partida, solo tenéis que ir siguiendo unas indicaciones que a modo de vaquitas van jalonando todo el recorrido. Desde aquí quedan unos tres kilómetros para llegar al final, pero es en esta zona donde pasaréis por dos conjuntos de encinas donde, si os apetece, podéis parar a descansar y contemplar los cielos. Y es un consejo muy recomendable, ya que en esta zona, y siempre con un poco de suerte y unos buenos prismáticos, se pueden observar el vuelo de una de las más grandes aves europeas, el buitre negro. Si el tiempo es propicio, también surca este cielo una de las aves más amenazada de toda la fauna hispana, el águila imperial ibérica.
En las dehesas de encinas, sobre todo el primer grupo que aún tiene cerca el río Perales, es también un buen lugar para buscar en vuelo o entre sus copas el búho real, el águila culebrera, el águila calzada, el milano negro y el milano real.
Seguir la ruta por la cañada es muy fácil, ya que es amplia y está bien señalizada por las vaquitas de las que os hemos hablado. El trayecto es cómodo e incluso podréis encontraros a muchos viajeros que deciden recorrer esta parte de la cañada en bicicleta, otra opción más para hacer deporte.
Cuando lleguéis a una antigua fuente seca, tendréis que girar 180 grados para tomar rumbo de nuevo por la senda de un pequeño arroyo, el de Hondillo, de camino hacia el aparcamiento desde el que habéis partido.
Esta ruta no solo se puede hacer a pie o en bicicleta, sino que en Navalagamella está la Finca Molinos, que organiza rutas a caballo por el río Perales o bien para acercaros al embalse de Cerro Alarcón
Para pegaros un chapuzón o bien practicar algún deporte náutico, podéis acercaros al embalse de Cerro Alarcón, formado por las aguas del río Perales y en cuyos márgenes encontraréis un Club Náutico con información de todas las actividades que se pueden realizar en el mismo.
¿Cansados? Reponer fuerzas en Navalagamella es todo un placer. Probar un guiso casero o algún asado en los mesones de la localidad. El cordero está excelente y, si nunca lo
habéis probado, deleitaros con un conejo al tomillar. Si queréis pernoctar, tenéis a vuestra disposición un hotel y dos hostales que, a precios módicos, os dan la
posibilidad de descubrir más en profundidad a la magnífica localidad de Navalagamella.
Kms desde Madrid: 100
Kms de la ruta: 5,2
Duración: 1/2 días
Tipología: amigos/ senderismo/ familia