La ubicación geográfica de la Comunidad de Madrid, en el centro de la península ibérica, ha hecho posible que, durante siglos, diversos pueblos se hayan asentado en sus tierras. Esta estratégica situación nos permite, hoy día, disfrutar de los innumerables monumentos y construcciones de gran valor artístico que se asientan en sus pueblos. La Comunidad de Madrid es, pues, un enclave privilegiado para observar la riqueza artística de los diferentes estilos arquitectónicos que pueblan sus tierras.
Esta ruta que os proponemos pretende descubrir al viajero en un viaje de dos días la riqueza del patrimonio histórico-cultural de la Comunidad de Madrid, visitando Talamanca del Jarama, Torrelaguna y Buitrago de Lozoya. Tomando como punto de partida y regreso la capital, esta ruta tiene una extensión de 168 kilómetros y aconsejamos realizarla en dos días haciendo noche en la ciudad de Buitrago de Lozoya.
La primera parada de nuestra ruta nos lleva a Talamanca del Jarama. Situada a tan solo 46 kilómetros de Madrid, Talamanca es una villa con muchas reminiscencias históricas. De hecho, esta villa tiene el privilegio de haber sido, durante el reinado de Carlos I, una de las capitales del imperio junto a Madrid y a Toledo. En sus lindes se han encontrado numerosos restos arqueológicos visigodos que demuestran la importancia de la villa ya en aquella época. Bajo la dominación visigoda Talamanca era conocida como Armántica.
No obstante, Talamanca entra en la historia durante el período islámico en la península, en el siglo IX, ya que la villa formaba parte de la ruta que unía Córdoba, Toledo y Zaragoza. De esta época data su muralla, que llegó a tener un perímetro de unos 1200 metros. En la actualidad, la muralla está muy fragmentada y deteriorada, ya que muchos de sus sillares fueron utilizados para la construcción de otras edificaciones en la localidad. Aun así, podéis visitar l a Puerta de la Villa, que aunque es fruto de de las reformas posteriores que sufrió la muralla en el siglo XIV, aún conserva en el centro del arco que forma la puerta un pequeño bajo relieve con forma de figura humana que se cree de época tardorromana o visigoda.
A tan solo un kilómetro de la villa discurre el río Jarama, del que Talamanca toma el sobrenombre. A las afueras del núcleo urbano se construyó
el puente que lo cruzaba, de época romana o quizás anterior, que tendría gran influencia posteriormente en la economía de la población. Y es que a partir del siglo
XI fue paso obligado de la ruta que iba desde Toledo a Somosierra. Cruzar este puente estaba gravado con el derecho de pontaje,
un impuesto que estaba obligado a pagar todo aquel que quisiera cruzar el puente para transportar sus mercancías.
En la visita, observareis que por el puente ya no cruza el río Jarama. Eso es debido a que el río desvió su curso desplazándose hacia poniente, hecho que provocó, en parte, la decadencia de la villa que tardaría varios siglos en recuperarse. En las inmediaciones del puente romano de Talamanca se encuentra una pequeña área recreativa donde podéis hacer una parada para tomar energías y disfrutar de la flora y fauna de la localidad.
Pero la visita a Talamanca aún no ha terminado, pues es una villa que aún guarda más sorpresas en su interior. La importancia que tuvo esta localidad durante la
Edad Media se deja ver en la multitud de templos que la poblaron, cinco en total. Actualmente, Talamanca solo conserva dos de ellos,
La Iglesia de San Juan Bautista y la de Nuestra Señora de los Milagros o Morabito.
La primera es una obra románica construida entre finales del siglo XII y principios del XIII, época de la que se conserva el ábside. En el siglo XIV fue casi totalmente demolida y reconstruida por artistas toledanos. Aunque actualmente sólo se puede visitar durante los oficios religiosos, su visita es muy recomendable pues la Iglesia de San Juan Bautista posee un ábside de gran valor artístico, uno de los pocos de estilo románico que se conservan en la Comunidad de Madrid. También podéis admirar el torreón barroco, añadido en el siglo XVII y quizás construido sobre las ruinas de uno anterior. De tres cuerpos de altitud, esta torre está coronada por un chapitel con chapa de metal muy al estilo herreriano de la época.
Caminando por la villa, en la plaza de la Constitución podemos visitar el ábside de Nuestra Señora de los Milagros, más conocido en la localidad por el nombre de
Morabito. Es una construcción románico-mudejar de mediados del siglo XIII. Y no podemos aún abandonar Talamanca sin ver las dos
construcciones que los monjes del Monasterio del Paular dejaron en la villa. Esta congregación, que poseyó muchos terrenos en la Comunidad de Madrid,
construyó durante los siglos XVII y XVIII en Talamanca el Granero y la Cava del Arrabal.
El Granero es actualmente propiedad particular y sólo se puede visitar concertando una visita con el dueño (preguntar en el ayuntamiento), aunque desde fuera si podéis ver el excelente trabajo de las puertas de roble que posee, adornadas profusamente con motivos vegetales, figuras humanas y fantásticas y pequeños angelitos. Como curiosidad, este Granero se ha utilizado recientemente como plató de cine para diversas producciones españolas y extrajeras. La Cava del Arrabal está situada fuera de la muralla, frente a la Puerta de la Villa. Es una curiosa construcción en tres cuerpos realizada para aprovechar al máximo el desnivel del terreno.
Continuamos camino hacia nuestro próximo destino, Torrelaguna, a tan sólo 11 kilómetros de Talamanca. Pero antes, merece la pena un pequeño desvió para visitar uno de los dos conjuntos de atalayas musulmanas que aún se conservan en la provincia, es el denominado Conjunto de Atalayas del Jarama.
Las Atalayas formaban parte del sistema defensivo y de vigía que construyeron los musulmanes para la defensa de la ciudad de Toledo. Aunque no se sabe exactamente cuándo fueron construidas, los expertos datan su edificación alrededor del año 1000. Este conjunto estaba formado por seis torres, de las que actualmente solo quedan cuatro: la del Vellón o Espartal, la de Venturada, la de El Berrueco y la de Arrebatacapas.
Estas construcciones guardaban unos patrones establecidos; tienen unos 15 metros de alto y unos 6 metros de diámetro, con dos o tres pisos en su interior. Su funcionamiento era muy simple: se encendía un fuego en el piso superior de la torre para que se vieran las llamas de noche o el humo de día entre atalaya y atalaya. En caso de que las inclemencias del tiempo no permitieran este sistema de aviso, los guardianes de la torre recorrían en caballo la distancia que separaba una torre de otra. Este hecho nos hace imaginas cuántas atalayas como éstas existían en tiempos de la dominación árabe de la península.
La Atalaya de Arrebatacapas , muy cercana a Torrelaguna, nos marca la siguiente parada de nuestra ruta.
Declarada en 1976 Monumento Histórico Artístico, la villa de Torrelaguna posee una gran amalgama de construcciones que pasan desde sus murallas musulmanas hasta por su palacetes de estilo barroco. Un gran crisol de culturas que podéis disfrutar en un primer contacto paseando por el entramado de su casco histórico.
Torrelaguna sorprende al viajero no solo por su arquitectura, sino también por la multitud de personajes históricos que nacieron en la población
o pasaron largas temporadas en ella. De entre los más importantes de los nacidos en Torrelaguna encontramos a Santa María de la Cabeza,
esposa de San Isidro (patrón de Madrid), cuyos restos estuvieron hasta el siglo XVI en la Ermita que lleva su nombre y que podéis visitar a la salida de la villa.
Otro gran personaje que nació en la localidad fue el Cardenal Cisneros, confesor y consejero de la reina Isabel la Católica y regente de España desde 1516, a la muerte de Fernando el Católico, hasta 1517, año en el que murió esperando la llegada del que sería nuevo rey, Carlos I. Cisneros fue el artífice de algunas de las construcciones que, aún hoy, se pueden contemplar en Torrelaguna. Pero vayamos por el principio.
Son los musulmanes, que la conquistan desde la vecina Talamanca, los que dotan a Torrelaguna de su primera defensa, las murallas. Actualmente, los restos de las mismas son tan escasos que no se pueden establecer sus dimensiones. No obstante, todavía son visibles algunas partes, como la Portada de Quirós o la Puerta de Santa Fe.
Posteriormente, y tras la conquista por Alfonso VI, será cuando la villa comience a ganar en importancia. Tanto es así que Torrelaguna aún alberga entre sus calles
uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica de la Comunidad de Madrid, la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena.
Este templo, cuya construcción se demoró en el tiempo casi tres siglos (del XIV al XVII), es un excelente exponente de una iglesia gótica a la que se le han ido sumando elementos renacentistas y barrocos. Es visita obligado tanto por su edificación cómo por las capillas y retablos que guarda en su interior.
Y es pasear por las calles de Torrelaguna es todo un placer para el viajero, que descubre en su casco antiguo gran cantidad de edificios civiles y de
casas blasonadas que hablan de la gran cantidad de personajes ilustres que pasaron largas temporadas en la villa.
Dentro de las construcciones civiles, cabe destacar el Pósito, obra patrocinada por Cisneros y que servía para guardar el grano en épocas de necesidad. Actualmente, es la sede del ayuntamiento de Torrelaguna.
Paseando por las calles anexas a la plaza principal, podéis encontraros con algunos de los palacios que aún se conservan, aunque resta decir que muchos han sido borrados por el tiempo. Entre los que aún se pueden ver se encuentra el Palacio de Salinas, cuya fachada es un primer apunte de la que luego sería la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares, y el Palacio de Arteaga o Infantado, actualmente la sede operativa del Canal de Isabel II.
Última parada en la ruta -a 33 kilómetros de Torrelaguna- Buitrago de Lozoya es la ciudad donde recomendamos hacer noche, ya que es de esta forma podréis
contemplar la espectacularidad de su muralla medieval, en excelente estado, tanto al atardecer como por la mañana, que ya con ánimos renovados podréis
visitar.
El recinto amurallado de Buitrago de Lozoya es el mejor conservado de la Comunidad de Madrid. Se inicia su construcción bajo dominio musulmán, siglos IX y X, aunque se ampliará posteriormente ya en manos cristianas desde el siglo XII al XIV, con un perímetro de 800 metros. El río Lozoya, que da sobrenombre a la ciudad, circunda por todos sus lados menos el meridional a Buitrago, convirtiéndose así en un foso natural de defensa. Trece son las torres que se situan en su perímetro, siendo una de las más atractivas la del Reloj, que alcanza los 16 metros de altura.
Paseando por el casco
antiguo, podéis ver el Castillo de Mendoza, familia muy vinculada a la localidad. Este castillo data del siglo XV, aunque fue reformado
posteriormente. Un incendio daño toda la construcción y, en la actualidad, el patio interior ha sido reformado para convertirlo en un coso taurino.
También es destacable para su visita la Iglesia de Santa María, del siglo XIV, y terminar el paseo cruzando el río por el Puente del Arrabal. Si visitáis la ciudad durante el mes de septiembre, os encontraréis directamente sumergidos en la Edad Media, ya que en los últimos años se ha hecho muy popular la Feria Medieval que se celebra en la ciudad.
Antes de dejar Buitrago, y después de degustar sabrosas carnes en alguno de sus restaurantes, es muy recomendable la visita al Museo de Picasso que se encuentra en la plaza de mismo nombre.
Este museo nace de la mano de Eugenio Arias, natural de Buitrago, y más conocido quizás por ser el peluquero del famoso genio malagueño. La amistad que unió a Picasso y a Arias se estableció en la Costa Azul francesa, en la localidad de Vallauris, donde Picasso pasaba grandes temporadas y donde Eugenio Arias tenía su peluquería. La amistad entre ambos ha dejado multitud de piezas que el pintor regalaba a su peluquero y que están fechadas desde 1948 a 1972.
Destacan, principalmente, obras con dibujos relativos a la tauromaquia, ya que era la pasión de ambos amigos. En este museo se encuentra también una hermosa bacía de cerámica con las siluetas de Don Quijote y Sancho Panza. La entrada es gratuita y solo hay que tener la precaución de no visitarlo en lunes, día que cierra.
Terminada nuestra ruta, llegaremos a Madrid en menos de una hora -solo 76 kilómetros-, eso sí, si el tráfico lo permite.
Kms desde Madrid: 168
Kms de la ruta: 44
Duración: 2 días
Tipología: parejas/amigos