El río Manzanares tiene el privilegio de bañar con sus aguas a la ciudad de Madrid. Siguiendo el curso de la cuenca a la que da nombre podemos visitar los pueblos que también reciben sus aguas, en las riberas de los embalses del Grajal, de Navacerrada, de Miraflores o el gran pantano de Manzanares del Real. Y no sólo visitaremos sus embalses, también sus bosques y picos más altos, como la estación de esquí del puerto de Navacerrada o la subida a La Morcuera. Y por el camino, un breve paseo por La Pedriza, Reserva de la Biosfera, enclavada en el Parque Regional de la cuenca del Manzanares.
Partiendo de la capital, la ruta transcurre a lo largo de 167 kilómetros, por lo que se puede realizar en dos días. No obstante, el encanto de los pueblos por los que pasa así como la visita a los diferentes entornos naturales que os iréis encontrando por el camino, aconseja una visita más amplia en el tiempo. Para descansar, podéis hacer noche en Navacerrada o en Manzanares del Real. Y para reponer fuerzas, en todos los municipios encontraréis un amplio surtido de los mejores productos típicos de la serranía madrileña. Comenzamos el viaje.
Situado a poco más de 30 kilómetros de la capital, Colmenar Viejo es una de las villas más importantes de la comunidad. Su importancia viene de antaño, desde su fundación por parte de pastores segovianos, que ven en los ricos pastos de la zona de Colmenar una buena fuente de alimentación para sus extensos rebaños. Su buena ubicación y la riqueza de sus tierras convierten a la localidad en una de las más pobladas desde el siglo XVI, conservando ese privilegio hasta la actualidad.
Colmenar Viejo sigue creciendo hoy día y sus nuevas construcciones están a medio camino entre lo rural y lo urbano. No obstante, en su casco antiguo aún se pueden observar construcciones típicamente serranas. Paseando por la ciudad, podéis visitar el ayuntamiento, en la cuidada plaza de la Constitución, construcción actual de bella factura . Muy cerca, en la calle del Cura, encontraréis reminiscencias del antiguo pasado vitivinícola de la ciudad. Allí se ha restaurado una bodega, en la que se muestra el lagar para el prensado de la uva, con una viga de madera de 12 metros de largo.
Pero, sin duda, una de las más hermosas construcciones de Colmenar Viejo es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Construida entre los siglos XIV y XVI, este templo consta de tres portadas, siendo la más importante la situada al norte, obra que responde al estilo de la escuela escultórica de Juan Guas. Se estructura es en tres naves con bóveda de crucería, coronadas por una espléndida torre de 50 metros de altitud, muy similar a la que se puede encontrar en la iglesia de Torrelaguna. Construida con piedra berroqueña, en su interior guarda uno de los retablos más valiosos de toda la comunidad de Madrid, del siglo XVI.
Guarda Colmenar en sus calles más templos de interés, como la capilla de San Francisco, la ermita de Santa Ana o la de Nuestra Señora de
los Remedios, esta última patrona de la localidad y que se encuentra situada a las afueras del pueblo. También es de especial interés
la plaza de toros, la segunda en importancia después de la de Las Ventas. Y es que es mucha la tradición taurina en Colmenar Viejo.
Paseando por los alrededores de Colmenar podemos seguir encontrando algunas sorpresas interesantes. Dada su cercanía con la capital, en el término municipal de Colmenar se sitúan un gran número de construcciones que realizó el canal de Isabel II para abastecer de agua a Madrid. Es, por ejemplo, el acueducto de la Sima, con siete arcos de medio punto; el de Colmenarejo, de grandes dimensiones; o también el de Valcaliente o el del Cerrillo.
A pocos kilómetros y en la carretera que se dirige a Hoyo del Manzanares, podéis visitar el embalse de El Grajal. En el camino, el puente medieval del mismo nombre, de un solo ojo y estupendamente conservado. En las riberas del embalse se encuentra una pequeña zona de recreo donde descansar y tomar fuerzas.
El recorrido deja Colmenar Viejo camino hacia Cerceda, adentrándose a cada paso en el Parque Regional de la Cuenca Alta del
Manzanares. Este parque, creado en 1985, consta de más de 50.000 hectáreas y esta rodeado por los municipios que componen
esta ruta. De norte a sur, el parque es atravesado por la Cuerda Larga del Guadarrama, un conjunto de picos que parten de La Morcuera
y llega hasta el Puerto de Navacerrada, una de las rutas más clásicas para todos los montañeros madrileños. En el centro, La Pedriza,
declarada Reserva de la Biosfera, y que nos detendremos más adelante para verla en profundidad. Por ahora, el camino, atravesando el parque, nos lleva a Cerceda.
Cerceda es un pequeño núcleo urbano que, junto a Mataelpino y El Boalo, forman un municipio que toma el nombre de este último. Separados por varios kilómetros, en el recorrido que os proponemos pasamos primero por Cerceda para, después de bajar del puerto de Navacerrada, visitar los otros dos núcleos urbanos que componen este municipio.
Cerceda es la más poblada de los tres, contando con un pequeño casco antiguo donde se sitúa la iglesia de Santa María la Blanca, del siglo XVI. Coronada con una bella torre campanario, este templo es un claro exponente del denominado gótico abulense.
Desde Cerceda, y camino a Mataelpino o a El Boalo, discurren varias sendas que atraviesan hermosos parajes del parque y donde podéis pasar un magnífico día de campo. También en sus cercanía está la gruta de La Calera.
Becerril de la Sierra es una pequeña localidad que, como su nombre indica, se localiza en los altos de la serranía madrileña que,
a poca distancia, culmina en el puerto de Navacerrada. En su trazado urbano se mezclan las construcciones antiguas con otras más nuevas fruto de las segundas viviendas que muchos madrileños de la capital han construido en este hermoso paraje.
Cuenta Becerril con un modesto templo del siglo XVII, el de San Andrés Apóstol, que perteneció a la casa nobiliaria del Infantado. Otra iglesia, de más reciente construcción, es la de Nuestra Señora del Valle.
El encanto principal de esta localidad reside en el enclave natural en el que está situado, en cuyas cercanías se encuentra el embalse de Navacerrada y el puerto de montaña. Desde Becerril parten muchas rutas, a pie o en bicicleta, para recorrer diferentes áreas serranas, dependiendo de vuestra condición física y de lo que estéis acostumbrados a andar entre riscos y montes.
Si viajáis en invierno, no olvidar las cadenas para el coche y buena ropa de abrigo. Y si lo que queréis es esquiar, próxima parada el puerto de Navacerrada.
Destino típico de la sierra madrileña para todos los amantes de los deportes de invierno, Navacerrada ofrece múltiples actividades de ocio durante todo el año. La pequeña localidad que le da nombre cuenta con múltiples restaurantes y hostales donde reponer fuerzas al abrigo de un buen guiso. En Navacerrada se conservan aún buenos ejemplos de arquitectura popular serrana en las casas de su centro histórico, así como dos iglesias, siendo la de la Natividad la más importante.
Muy cerca de la localidad y antes de subir al puerto, se encuentra el embalse de Navacerrada, un enorme lago que cuenta con cinco kilómetros de ribera. En sus aguas se permite la pesca de la trucha, gracias a un coto gestionado por la Comunidad de Madrid.
El puerto de Navacerrada tiene en su cumbre una de las estaciones de esquí más importante de todo el Sistema Central. Está estructurada en dos zonas: una alta, para los más experimentados, y una baja, donde se alternan desniveles medios y de principiantes, algunos de ellos entre pinares. Cuenta con un total de 16 pistas y una capacidad para 9200 personas/hora. Sin duda, si realizáis esta ruta en invierno no os olvidéis los esquíes.
Bajamos el puerto y continuamos recorrido visitando ahora los otros dos núcleos urbanos que, junto a Cerceda, forman el municipio de El Boalo.
Mataelpino, el primero en el recorrido, posee una iglesia de nueva construcción dedicada a su patrona, Santa Águeda. Desde Mataelpino
surge una pequeña senda que os conduce al mirador de la Ponzonilla, a casi 1200 metros de altitud, y desde la que tendréis una magnífica panorámica del parque de la Cuenca Alta del Manzanares.
En El Boalo, no dejéis de visitar la ermita de San Isidro Labrador, situada en la falda de la sierra de los Porrones. El 15 de mayo se celebra la romería en honor del santo, patrón de agricultores y ganaderos. En sus cercanías hay un área recreativa donde se reúnen todos los habitantes y visitantes en tan señalado día.
Abandonamos esta pequeña localidad y, alzando la vista, ya podréis vislumbrar los impresionantes riscos de piedra que dan nombre a La Pedriza, y que os acompañaran durante el recorrido hasta la próxima parada: Manzanares el Real.
Rodeada del macizo granítico que conforma La Pedriza, Manzanares el Real es una de las villas más simbólicas de la comunidad de Madrid.
Al igual que Colmenar Viejo, Manzanares fue fundada por pastores segovianos. Fue Alfonso XI quien concedió el señorío de Manzanares
a su mayordomo mayor, Pedro González de Mendoza, siendo esta familia la que dejaría como legado a la ciudad el espléndido castillo
de Manzanares.
Dos son los castillos que conserva Manzanares el Real, uno viejo y otro nuevo, aunque este último sea ya del siglo XVI. El viejo está a la entrada del pueblo y de él solo se conservan algunos restos. Fue erigido más como defensa que como residencia palaciega, utilidad para la que principalmente fue creado el nuevo. El castillo de Manzanares fue construido sobre una atalaya y una ermita románico-mudejar, la de Santa maría de la Nava. De hecho, forma parte del castillo el ábside de dicha ermita.
De planta cuadrada, consta de tres torres cilíndricas y una cuarta de mayor tamaño, la torre del homenaje. Mandado construir por el primer duque del Infantado, Diego López de Mendoza, fue residencia de los duques por poco tiempo y en la actualidad la Casa del Infantado lo ha donado por seis décadas a la Comunidad de Madrid. Visita obligada en vuestro paseo por la ciudad, no solo por lo bien conservado que está el castillo, sino por la magnífica colección de tapices que guarda en su interior.
Pero el castillo no es la única sorpresa que guarda Manzanares. Alzado en una peña de casi 70 metros de altura se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Peña Sacra, un mirador extraordinario desde el que se divisa toda la ciudad.
Muy cerca de la ciudad, la naturaleza ofrece al viajero dos parajes muy diferentes: La Pedriza y el embalse de Santillana. Este último, gestionado por el canal de Isabel II, fue ampliado para duplicar su capacidad. De la primera construcción del embalse se conserva aún una magnífica torre neogótica. El embalse tiene una ribera de 30 kilómetros.
Pero, sin lugar, es La Pedriza de Manzanares uno de los reclamos turísticos más relevantes para todos los amantes de la naturaleza y de los deportes de montaña. Y es que estas enormes masas de piedra, con múltiples recovecos, intrincados cauces de agua y pequeñas praderas que surgen como por arte de magia, hacen del lugar un espacio donde la realidad se ha mezclado en ocasiones con la leyenda. Muchas son las historias de bandoleros que han vivido entre las rocas y cuyas fechorías han encontrado amparo en las intricadas formas de La Pedriza.
Casiano de Prado, el primero que la asciende en 1864, la dividió en tres partes: La Pedriza anterior, la posterior y el Alcornocal,
la más pequeña y próxima a la localidad de Manzanares. La conocida como autopista de La Pedriza cruza desde el puente de Prado Peluca hasta Canto Cochino, y en su recorrido se pueden realizar hasta 50 itinerarios diferentes para recorrer todas sus peñas, algunas con nombres tan singulares como El Yelmo, la Vela, la Foca, la Tortuga, la peña del Indio, etc. Si queréis internaros en La Pedriza y no conocéis bien la zona, encontraréis en las localidades cercanas numerosos guías de montaña con los que realizar las rutas que más os interesen.
El recorrido va llegando al final, pero antes de subir al puerto de La Morcuera, dos localidades reclaman nuestro interés.
Una de ellas, Soto del Real, guarda muy pocos recuerdos de su antigua denominación, Chozas de la Sierra, ya que en la
actualidad son muchas las construcciones recientes y urbanas en la localidad. Y es que Soto del Real, al igual que muchas otras
localidades de la serranía madrileña, se han convertido en segundas residencias para los estresados habitantes de la capital.
No dejéis de visitar la iglesia de la Inmaculada Concepción, del siglo XVI, aunque su espectacular campanario perteneció a una construcción anterior. En las cercanías, para salvar el arroyo de las Chozas, os encontraréis con un pequeño puente medieval. Y muy cerca de allí se encuentra el viaducto de los Once Ojos, que permite al ferrocarril salvar el valle de Miraflores.
Existe en sus alrededores un área recreativa, la de Arroyo Mediano, donde podéis disfrutar de un día de campo. En la localidad hay varios centros ecuestres que organizan paseos a caballo por los alrededores de Soto del Real.
La última para de nuestra ruta nos conduce hasta Miraflores de la Sierra, a los pies del pico de La Morcuera. Esta localidad fue conocida hasta
el siglo XVII por el nombre de Porquerizas. Según cuentas las crónicas, fue la esposa de Felipe IV, Isabel de Borbón, quien motivó el cambio
de nombre de la localidad, señalando que esa denominación no hacía justicia a la belleza del entorno natural que rodeaba a la
ciudad. Pocas construcciones quedan de su época primitiva, habiendo sido sustituidas éstas por hermosas villas veraniegas, de diferentes
estilos, que dotan a la localidad de un particular encanto.
Muchos fueron los personajes ilustres que pasaron largas temporadas en Miraflores, como Manuel Azaña, que gustaba de pasear por su montes, o el premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre.
En Miraflores podéis visitar la iglesia de la Asunción, del siglo XVI, así como las diferentes ermitas que aún se conservan, como la de Santo Tomé, la de San Sebastián, la de Nuestra Señora de la Paz o la de San Blas. Esta última guarda una leyenda muy curiosa. La ermita de San Blas se encuentra en las cercanías de Miraflores. Se dice que, antiguamente, esa zona estaba habitada por una pequeña aldea, la de San Blas. Un día de celebración, una salamanquesa cayó en una olla y el pueblo entero murió envenenado. Desde entonces, nadie más quiso vivir en ese asentamiento. La ermita, no obstante, sigue siendo testigo mudo de esos hechos... si es que realmente sucedieron.
Y en las cercanías de Miraflores, dos opciones lúdicas en contacto con la naturaleza: el embalse de Miraflores y la subida al puerto de La Morcuera. Si os gusta el senderismo o tenéis experiencia en la escalada, es sin duda un reto que nos os podéis perder.
Kms desde Madrid: 167
Kms de la ruta: 75
Duración: 2/3 días
Tipología: amigos/parejas