Gastronomía


Dulce o... salada tentación

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De todos los sabores que puedas imaginar, los helados se convierten en protagonistas de los días de verano con la llegada de las altas temperaturas.

Dulce o... salada tentación
Desde detrás de la vitrina del mostrador, tentadores, nos invitan a entrar. De textura cremosa y de sabor dulce, y también salado que aquí hay de todo, esperan listos para deshacerse en nuestros paladares. Los helados artesanales que se elaboran en los establecimientos de la Comunidad de Madrid ponen a prueba la dieta más férrea. Pero ¿quién dijo operación bikini cuando la tentación es tan sabrosa?

Las hay que abren temprano y cierran tarde, otras son menos madrugadoras. Algunas están emplazadas en el corazón de la capital y otras, no lejos del centro, disfrutan de vistas privilegiadas sobre el Parque del Oeste. Pero todas tienen en común una cosa: son heladerías que ofrecen un producto elaborado artesanalmente.

El denominador común de todas estas heladerías es la mezcla de tradición e innovación. Sabores de siempre como el chocolate, la fresa o la vainilla conviven con otros recién llegados como el aceite de oliva, el queso Idiazábal, la sidra o el pacharán. Turismo Madrid te lleva de paseo por las mejores heladerías de la capital.

Su nombre Sani Sapori (Sabores sanos) lo dice todo. Esta heladería, ubicada en el céntrico barrio de Lavapiés, elabora helados italianos artesanos con una filosofía innovadora: la del kilómetro cero. Esto es apostar por los productos de la Comunidad de Madrid pero, más concretamente, por los del barrio. Este savoir faire se traduce en gran cooperación entre las tiendas del barrio que da lugar a una solidaridad entre vecinos.

Abierta los siete días de la semana, Sani Sapori ha pensado en todo el mundo. A los helados de toda la vida, ha añadido líneas especiales de productos para celíacos, bajos en calorías, para personas con intolerancia a la lactosa o para vegetarianos.  

Muchos años han pasado, concretamente 60, desde que Pedro Marchi y Marcelina Ladero fundaran la heladería Los Alpes (Arcipreste de Hita, 6). De una época en la que los ocho sabores de su mostrador se enfriaban con hielo picado y sal gorda, han pasado a otra en la que ofrecen al público más de 50 sabores.

Este pequeño establecimiento puede presumir de hacer los helados artesanos más antiguos de Madrid y de usar para ello materias primas de altísima calidad. Así, entre sus ingredientes encontramos avellanas traídas de Reus, pistachos de Sicilia o limones de Murcia. Además, no puedes pasar por su local sin probar la horchata que sirven, elaborada de manera tradicional, algo de lo que no todo el mundo puede presumir.

Aunque no es la única porque en el número 125 de la calle Alcalá hay quien puede sacar pecho, levantar la cabeza y andar erguida, presumiendo de la calidad de sus productos. Pero no lo hace. En lugar de eso la Horchatería Alboraya pone sobre nuestras mesas una copa de un cremoso helado artesanal, un vaso de horchata (de la de verdad y de toda la vida) con fartons (de los caseros también) para mojar y una copa de leche merengada, de ésas que te dejan un regusto a canela y limón en el paladar.

La innovación en los sabores incluye, inevitablemente, opciones saladas. Aquí es donde entra en escena la heladería Napoli (Avenida Ciudad de Barcelona, 19), encargada de introducir, hace ya tiempo, los sabores salados en la capital. Sus vitrinas nos ofrecerán los sabores de toda la vida, pero no podremos evitar sorprendernos con otros recién llegados como el de salmón, el de aceite balsámico con frambuesa y naranja, el de o el de cava. Te costará decidirte.

Y si de sabores nuevos va la cosa, Gelati e Frullati (Avenida de Felipe II, 8) nos descubre, a base de recetas italianas, los helados artesanos de queso Mascarpone o de castaña, entre otros muchos. Deliciosos si se degustan en su terraza combinándolos con alguno de sus zumos naturales o sus cafés italianos.

Pero para terrazas con vistas excepcionales y buen sabor la de la heladería Bruin, en Pintor Rosales número 48. Con vistas al Parque del Oeste, ha superado la treintena de años aderezando los sabores típicos con otros nuevos y atrevidos. ¿O acaso no es arriesgado un helado de aceite de oliva o de queso Idiazábal? Quizá prefieras el de sidra, pacharán o Bailys.

Una tarde de helados italianos tradicionales puede ser también castiza si se combina con un plan tan típico de Madrid como un paseo en el Teleférico o un recorrido por el templo de Debod. Depende del gusto que elijas, tu tarde tendrá un sabor u otro. ¿Dulce o salado?



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